(viviendo Romania, en rumano)
Al otro lado se sabe de la telenovela. Brilla el español como un souvenir. Salís a la calle y no falta una chica que te diga "hola, veo telenovelas”. America latina es exótica y pequeña como una tv. America latina se resume a un baile o un sabor. Sin embargo, es en la lejanía donde también se empieza a observar los detalles y a extrañar lo más real de nuestra piel.
Unos viajan por las entrañas de nuestra tierra –evidentemente muchos queremos poder conocer así los rincones de su piel-, otros la vemos desde la distancia y pensamos en sus brazos abiertos. Vemos que hay dolor también en otras tierras, se trata de los seres humanos, no solo América Latina. Aún así, llama el grito de nuestra américa facturada (facturada ha sido un error de escritura, pero quizá algo de cierto tenga): quiero decir nuestra america fracturada, forrada en trapos; siglos de vendas sobre nuestros ojos.
La riqueza de nuestra mezcla es indescifrable incluso para nosotros mismos (la riqueza de la mezcla que se llama humanidad es infinita): quizá… quizá sólo un asunto temporal, pero una necesidad: empezar a besarnos la piel, a chuparnos en silencio nuestro ahora y empezar a entender el sabor, el aroma, la textura de nuestro ser y romper las palabras que nos han encerrado dentro de la casa de espejos que nos va tocando el borde de los labios.
humanidad rota
No digo que por estos lados latinoamerica sea lo mismo para todo el mundo. Definitivamente el español significa mucho más -emigración y trabajo, por ejemplo. Sin embargo, invade esta sensación general. La sensación desconocida de la popularidad de las telenovelas, la sensación de que para otros somos "eso"
y luego uno vuelve los ojos a la tierra y sabe siempre de los cuentos de hadas: lejos están los habitantes de nuestros países.
Y entonces se aprende de la humanidad rota.... el carro que se detiene junto a vos para señalar a tus amigos de africa y reírse diciendo "negros". Simplemente querés señalar decir "blancos" y reír también a ver si terminamos en la misma situación; pero es acá la humanidad tanto como allá: rota, desgastada, desgarrada. Habría que señalarnos todos y reír hasta que se nos acaben las ganas de llorar: pensando en la impotencia que nos pensamos cuando podríamos estar rompiéndonos las manos y los ojos por hacer del mundo un lugar de magia infinita.
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